27 de diciembre de 2009

Sentimientos de crack

"Son las diez de la mañana y suena el despertador, en la cama de al lado esta mi compañero, otro foráneo como yo. Me voy a la ducha y salgo, ya con el chándal del equipo. Junto a mi compañero bajamos a desayunar con el resto de la plantilla. Hoy tenemos un partido importante, frente a uno de los punteros de la liga y eso que no se esperaba. Tras el desayuno salimos a dar una vuelta todo el equipo por la ciudad, esa ciudad que admiro y que puede que en verano me diga hasta luego. Hoy hace mucho frío, algo normal en esta época del año en este país. Ya hemos vuelto al hotel, ¡ya era hora, que frío!. Ahora nos vamos a nuestra habitación unos cuantos, toca seguir con el torneo que empezamos a principio de temporada; mi suerte aquí no es como en la realidad, esperemos que cambie. Sobre las 12 bajaremos al hall del hotel para la charla técnica del míster, los últimos detalles. Otra clase magistral de un maestro del fútbol, vamos a por las cosas de aseo y subámonos al autobús rumbo al estadio.


La llegada a mi segunda casa es tranquila, como casi siempre y además hoy se ven muchos niños. Nos vamos bajando todos y entramos al vestuario a cambiarnos. Yo hoy no creo que juegue mucho, lo he hablado con el míster y salvo excepción no jugaré. Pero hay que estar preparado, ser el líder de este equipo implica responsabilidad y ejemplo. Me pongo el pantalón de jugar, las medias y las botas. Ya son las 2 de la tarde y debemos salir a calentar, yo junto a los demás suplentes me quedo en una banda haciendo rondos y demás. El estadio se va llenando, se nota que es un día grande, hay mucho ambiente. Llega el segundo y nos dice a todos que entremos, quedan cinco minutos y hay que prepararse para jugar. Cuando llego al vestuario cojo el chaquetón, el gorro, una bufanda y a salir al banquillo, hoy va a ser más duro que nunca, frío y partido de los que gustan; ¡maldita lesión!.

Empieza el partido, hay mucho centrocampismo y mucho ritmo desde el principio. Parece que tenemos más el balón nosotros, pero no terminamos de llegar con peligro al área contraria. Los minutos pasan y el frío se apodera de mi cuerpo. Mientras tanto mis compañeros siguen bregando e intentando llegar a portería. No podemos hacernos del todo con el dominio del encuentro y el míster no está del todo convencido, le conozco muy bien y sé que no lo ve claro. Llega el descanso y el míster se dirige a mi. Me pregunta como me encuentro y si me veo con fuerzas para jugar. Yo le digo que sí, pero que no sé si aguantaré una parte entera. Asiente y se va. Llegamos al vestuario y nos anima, intenta hacernos ver que hay que tener más el balón y movernos más arriba. Un poco de descanso y salimos.

De nuevo al banquillo y al frío, con lo bien que se está en el vestuario. Me siento en el banquillo, solo me llega aire a los ojos, todo lo demás tapado, lo justo para seguir a mis compañeros. Pita el árbitro y empieza la segunda parte. Tres minutos del segundo período y todo sigue como en la primera mitad. Veo que dialogan el míster con su segundo y de repente el segundo me dice que caliente. Me quito la chaqueta, el gorro y la bufanda y me voy a la banda. Nada más salir el público me aplaude, les devuelvo el aplauso y a calentar. Minuto 53, todo sigue igual y el preparador físico me avisa que me llama el segundo. Voy hacia el banquillo y el míster me dice que voy a salir. Me quito el chándal y la sudadera, me ato bien las botas y voy hacia el míster. Me mira a los ojos y me dice: "Juega y haz jugar".

Voy a la banda junto con el cuarto árbitro y cuando se para el juego levanta la tablilla con el número 15 en rojo y el 4 en verde. Salgo y el público me da una entrada que me sigue poniendo los pelos de punta. Nada más salir recibo el balón, miro a la banda izquierda y doy un pase. Van pasando los minutos y ya hemos embotellado al rival en su área. Tenemos el control del balón y nos han sacado un balón de la línea. Sigue el juego, me siento bien y con fuerzas, recibo el balón a unos 30 metros de la frontal, me escoro hacia la izquierda buscando pase y de repente un rival me arrolla. Caigo al suelo y veo que se ha pitado la falta. Miro al míster y me asiente con la cabeza, debo tirar la falta. Es una ocasión increíble, a escasos 3 metros del semicírculo. Coloco el balón, doy cuatro pasos atrás, miro a la portería, miro al balón, me concentro, miro a los compañeros, pita el árbitro. En ese momento doy un paso a la izquierda y ataco el balón inclinado, meto el pie abajo y golpeo. Levanto la cabeza mirando el balón. Lleva buena dirección, puede entrar, no veo bien el balón, hay mucha gente. Pero sí, ¡¡ha entrado!!. ¡¡¡Es gol!!!. Corro hacia la banda con los brazos en alto, me tiro al suelo, me levanto, un ruido ensordecedor, es un momento increíble, que golazo, llegan mis compañeros por detrás, todos nos abrazamos y lo celebramos con la afición. Nos dirigimos hacia nuestro campo, los del banquillo me felicitan y nos colocamos en posiciones. Pita el árbitro y sigue el partido, debemos seguir al ataque, aún no hemos hecho nada. Seguimos controlando el balón, los contrarios no pueden tener el balón. Entra un jugador muy alto en el rival, van a colgar balones. Pasan los minutos y llegamos a los últimos 11, y en ese momento córner para el rival. Es de los equipos que más goles han hecho a balón parado y el míster lo ha recordado mucho. Sacamos bien el balón, despejamos y salgo a tope. La coge su defensa y la pasa larga arriba, pero intercepta uno de los nuestros. Yo y uno de los más rápidos del equipo estamos en la otra banda solos, nos ve y cambia de banda. El balón me pasa por encima y le llega a él, empieza a correr para adelante, mierda este corre mucho y toca ir a tope. Dios que deprisa voy, sigue, sigue, sigue. Ya piso área, el defensa se ha ido a por él, ¡estoy solo!. Le grito y me la da. Con la inercia le doy y...gol. Me levanto. ¡¡Joder!!. Me he roto, miro al banquillo y pido el cambio, pero yo ya he hecho mi trabajo, dos goles, tres puntos y a un punto virtual del líder. A los dos minutos me cambian por un joven que llegó el año pasado. Me voy andando hacia la banda, cabizbajo. Pero la grada se pone en pie, corea mi nombre y aplauden. Debo trotar un poco y agradecerles el cariño. Salgo y le doy un abrazo al chico, detrás está el fisio, con el que me voy al vestuario. Se ha acabado, un día más a casa. En el vestuario ya se oye al estadio gritar, hemos marcado el tercero. Empiezan a llegar los compañeros al vestuario. Solo quedan las pruebas para la lesión, 3 a cero contra un rival directo."
Cesc Fàbregas

(No son declaraciones reales, simplemente una adaptación de como ha podido sentir unos de los mejores 23 minutos que le recuerdo a un jugador de fútbol).

4 Comentários:

Marc Calduch dijo...

Gran articulo me a gustado mucho leerlo, porcierto de donde lo has sacado? Gracias por el articulo. Saludos y feliz navidad desde http://caviardefutbol.blogspot.com/

Adrián Navarro dijo...

No lo he sacado, lo he hecho yo jeje. Gracias y feliz navidad.

albert calvo dijo...

Me gusta! No esta nada mal! Y tienes mucho talento ;)

Un saludo desde http://caviardefutbol.blogspot.com/

Christian dijo...

Esta muy bien el artículo, eso es lo que siente un futbolista; muy bien plasmado.
Saludos:
www.quetendraelfutbol.blogspot.com
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